Fisher Price y la gestión de la crisis del plomo

 En Estrategia

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El imperio romano, el medievo, el renacimiento, la ilustración, la revolución industrial y la globalización….los ordenes internaciones han sido la cronología de la evolución de la sociedad…La globalización es la nueva era, la era digital, la era en la que el mundo se puso en la mano del hombre…una era con sus virtudes y perjuicios.

Por un lado, nuestro dinero en cualquier lugar del planeta, podemos telefonear a Tokio o Auckland, Internet, Google Earth, videoconferencias…

La otra cara de la moneda es…made in Vietnam, made in Taiwán, made in China. Los esclavos de las multinacionales, empleados que trabajan 12 horas por un puñado de centavos, niños cosiendo balones, chabolas dentro de las fábricas, dobles turnos, mobbing a niveles inhumanos…

Las grandes empresas han decidido que el dinero es más importante que la dignidad de las personas tercermundistas y se lanzan a abrir factorías en naciones de piel amarilla. Pobre gente; parece que hayamos regresado a la época del proletariado de Marx. A las corporaciones, mientras no les afecte en la imagen, no les importa amargarles la vida a esos seres humanos. Que los productos salen con taras, menor calidad y problemas diversos, ¡qué más da si tan solo suponen un pequeño porcentaje!

El problema surge cuando un grave fallo, fruto de esa producción infrahumana con materias primas defectuosas o sin exámenes de calidad, amenaza con invadir los titulares de los medios de comunicación. La organización entonces debe responder y con celeridad.

El 2 de agosto de 2007, la empresa de juguetes Mattel anunció que retiraba un millón de artículos de Fisher Price por tener pintura con exceso de plomo. Los juguetes se habían producido en una empresa china, Lida Dee Deer.

En una primera fase durante el periodo aproximado de un mes, la multinacional recogió los juguetes y devolvió el dinero a los consumidores.

Al poco tiempo, anunció la retirada de, grosso modo, 18 millones de juguetes más, y tan solo 15 días después, retiró otro millón. Tras estas tres oleadas, dio por concluida la alarma generada.

Sin embargo, y a pesar de las acusaciones de medio mundo hacia la producción asiática. El gobierno chino demostró que, del 100% de los artículos “en mal estado”, tan sólo el 15% había sido fabricado dentro de la muralla china.

Tras esto, Mattel tuvo que admitir que gran parte del problema había sido por un fallo en el diseño. Ese fue el primer paso para que su imagen no se viera muy afectada. Mark Twain dijo una vez que “ante la duda, di la verdad” y a pesar de que, en un primer momento, hubo desinformación, finalmente la empresa consiguió sobrellevar la crisis al admitir la verdad y tan solo tuvo que acatar el dudoso honor de aceptar el Premio al Mal Producto 2008.

La gestión de la crisis fue imperfecta porque al principio la juguetera se negó a reconocer sus propios errores de diseño y no admitió responsabilidades. Y es que la compañia intento aprovecharse de  la mala imagen de la producción asiática en el mundo occidental. Así y todo,fue una gestíón de crisis correcta ya que a Mattel, siempre se le reconocerá el increíble esfuerzo realizado para retirar los 20 millones de productos de los comercios y hogares.

Imagen: abrebrecha

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