Happy Pills: farmacia de azúcar

 En Nuestros Casos de Éxito

Un buen día, a una persona se le ocurrió pinchar un caramelo con un palo. Es el tópico más utilizado para explicar el “salto cuantitativo” de un nuevo rico o el “eureka” de un inventor.

Cuando se trata de incrementar las ventas de una empresa a menudo lo mejor no es plagar el barrio de carteles o cambiar la imagen corporativa e identidad visual. La clave puede estar en darle una nueva perspectiva a nuestro producto, a su envase, a su finalidad o a su tradición.

Desde que mis padres eran pequeños siempre han existido las tiendas de golosinas que expendían grageas de colores, regaliz, tiburones, nubes, lenguas… Las chucherías, deliciosas aunque perjudiciales, son un vicio que nos alegra la existencia, nos ayuda a combatir el estrés y nos provoca caries, la enfermedad no contagiosa más extendida del mundo.

¿Cómo alguien se atrevería a cambiar un producto tan instaurado como éste? Happy Pills se lanzó a luchar con las normas establecidas.

Con un “hospitalario” emblema y con un nombre anglosajón esta cadena de chuchermercados comenzó su andadura vendiendo confites como si de medicamentos se tratase. Pastillitas contra los problemas laborales, los corazones rotos o la ausencia de energía tras el acto. El Prozac azucarado que lo cura todo. Sus genuinos botes o pastilleros las hacen diferentes al resto, así como sus ya conocidas etiquetas o sus inmaculadas tiendas de color blanco.

Happy Pills acertó con su “nuevo producto” ya que se vende a precio de oro. Unas chucherías que se utilizan como regalo, chucherías de lujo ¿Chucherías con un sabor distinto?…pero azúcar de colores de todos modos.

Diego Celma Herrando

Imagen: jgwong

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