La aventura concentrada en una calada

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Si hubiera que unir en una palabra dos conceptos tan distantes como jungla y desierto puede que solo se me ocurriesen dos: Jones y Camel.

En primer lugar, Indiana Jones, el célebre explorador que tan pronto buscaba maravillas en las ardientes arenas de Egipto o sobrevivía a un hongo atómico en el desierto de Nevada como que cruzaba la selva amazónica a bordo de un Jeep tras los pasos de Orellana y/o Pizarro.

Y después Camel, el tabaco del camello, los cigarrillos de la polémica publicidad subliminal y también la marca que creó la Camel Trophy.

La catalogada como “la máxima aventura 4×4 jamás concebida” fue todo un acierto por parte del departamento de comunicación de la firma. Un patrocinio tan perfecto que incluso planteaba problemas debido a su casi exclusiva segmentación entre el público masculino.

Han pasado ya mucho tiempo pero todavía tengo en mis retinas aquellas fotografías de los Land Rover amarillos pasando apuros en el lodo que poblaban las revistas de 4×4 de los noventa. Aquel evento se alargó desde 1980 hasta el año 2000 y esa acertada acción ayudó de forma fundamental a Camel a establecer una identidad corporativa estable y conseguida.

Dichos “pitillos” se relacionaron con el riesgo y la aventura de manera inmediata. Lamentablemente, tras dos décadas de patrocinio, la carrera pasó a llamarse G4 challenge y se perdió la esencia. Pero lo importante es que, a pesar de los años, el humo de los Camel todavía transporta el aroma de la aventura.

Imagen: periodismodemotor

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