Patrocinio de himalayistas

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El Everest. Un sueño durante décadas. Ascender la montaña más alta del planeta fue una obsesión desde que, a mediados del siglo XIX, se estableció su altura en alrededor de 9000 metros. Varios alpinistas perdieron la vida intentando llegar a la meta. Entre ellos Mallory e Irvine, que fueron los primeros que coquetearon con hacer cima y que, quién sabe, quizás lo consiguieron aunque jamás hayan podido regresar para contarlo.

La montaña madre era el mayor desafio, pero no el único. En la misma cadena montañosa se erigen 9 cimas de más de 8000 metros (Lhotse, Dhaulaghiri, Kanchenjunga, Manaslu, Makalu, Shisha Pangma, Cho Oyu, Nanga Parbat y Annapurna). La cordillera del Himalaya es el sistema montañoso más bestial de todo el globo y tan solo le hace sombra la cordillera del Karakorum con sus cuatro cimas de más de 8000 metros incluyendo la segunda mayor (K-2, Broad Peak, Gasherbrum II y Hidden Peak). Hillary y el sherpa Norgay tienen oficialmente el mérito de haber sido los primeros seres humanos que suben por sus propios medios a 8848 metros de altitud (Everest). Pero el primer ochomil ascendido fue el Annapurna en 1950 por la expedición Herzog-Lachenal y, sorprendentemente a día de hoy, es la montaña más asesina con un 40% de mortalidad (4 de cada 10 alpinistas que intentan hacer cima perecen en el intento).

Grandes marcas necesitan a grandes héroes y esos son un puñado de hombres y mujeres, un sector muy reducido que tiene por barreras de entrada una excelente forma física, gran experiencia en montañismo y dinero o patrocinadores.

Para poder realizar esas expediciones, es necesario dilapidar ahorros de una vida en traslado de material, permisos y capital humano(sherpas). Lo más triste de esto es que, en muchas ocasiones, esas inversiones se pierden porque no existe una ventana de ascensión adecuada debido al mal tiempo. De este modo, la única manera de minimizar ese riesgo es encontrar a un patrocinador y a veces no es una tarea fácil, aunque en los últimos años dos aspectos han cambiado esta situación de manera obvia:

– La masificación de las expediciones, sobre todo al Everest, que han generado polémica y tragedias. Y una mayor relevancia mediática.

– Los equipos de grabación que han acercado esas montañas a la gente de a pie, que ahora tiene acceso a filmaciones e imágenes de alta calidad publicadas en periódicos y en informativos.

Gracias a estos dos grandes factores, los alpinistas han conseguido fondos provenientes del patrocinio y los anunciantes consiguen salir en medios de comunicación acompañando a estos héroes en sus grandes hazañas y en la foto definitiva de la cima. Se demuestra entonces que el patrocinio deportivo es la simbiosis perfecta entre el alpinista y los anunciantes, en su mayoría instituciones como ayuntamientos y diputaciones

Será la duda de si Mallory llegó a tocar el cielo con los pies en la tierra en 1924 antes de la Segunda Guerra mundial y cuando Hillary todavía no sabía leer, será la travesia de Messner y Kammerlander encadenando dos ochomiles sin descender (Hidden Peak y Gasherbrum II: 1984), será aquella gran tormenta de 1996 en el Everest que, por razones desconocidas, redujo el oxígeno un 14% y diezmó a tres expediciones (12 muertos), aquel afán de supervivencia que rescató a Pauner (en la imagen) de las fauces del Kanchenjunga en 2003, o la actual Edurne Pasaban que se convirtió recientemente en la primera mujer con 14 ochomiles en su historial. Todos estos temas hacen que el Himalaya, 50 años después de su época dorada, siga siendo un lugar inhóspito y misterioso que atrae las miradas de toda la Humanidad. Un soporte perfecto para implantar un logotipo y crear imagen.

Y en pleno siglo XXI todavía quedan numerosos retos por lograr como encadenar el Lhotse y el Everest emulando la hazaña de Messner-Kammerlander antes citada o conseguir culminar el K-2 o el Nanga Parbat en invierno, hitos todavía no conseguidos.

Diego Celma Herrando

Imagen: revistaoxigeno

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