Un logotipo que ya forma parte de nuestra cultura

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Cuando circulamos por las carreteras de la península, es corriente toparnos con uno de lo símbolos de España. La orografía española está salpicada por Toros de Osborne, la valla publicitaria más famosa de la historia.

En 1956 el Grupo Osborne encargó a la agencia publicitaria Azor un logotipo para el Brandy de Jerez Veterano. El desaparecido artista Manolo Prieto fue el creador de este imagotipo que promocionó al producto, a la marca y, más tarde, a todo un país.

En un primer momento, se diseñaron para un tamaño menor al actual, tan sólo medían 4 metros y se complementaban con un gran rótulo. Posteriormente, se aumentó el tamaño de forma progresiva y se eliminó la tipografía ya que, el símbolo por si sólo, ya era recordado entre el gran público.

Su colocación, en lo alto de las colinas y a contraluz del horizonte, fue puesta en entredicho a finales de los 80 cuando se redactó una ley que regulaba la publicidad en las carreteras. Incluso a mediados de los 90 se promulgó su retirada definitiva.

Sin embargo, como ya ocurrió en aquel París de 1889 cuando la gente pidió que la Torre Eiffel no fuese derribada, la mayor parte del país incluyendo, municipios, instituciones, asociaciones, famosos, periodistas y artistas reclamaron también su catalogación de “bien cultural” buscando así una laguna legislativa. Y así fue como, en 1997, el Tribunal Supremo dictó sentencia a favor del Toro por el “interés estético o cultural”.

El emblema lleva más de una década tranquilo presidiendo los paisajes de Castilla, Aragón, Andalucía y otras tantas regiones españolas. Sin embargo, hay un Toro que sufre los fanatismos de la política nacionalista; el situado en la provincia de Barcelona, en El Bruc, y que ya ha sufrido cuatro derribos en 12 años. Y es que no todo el mundo sabe apreciar que un modesto logotipo de una empresa española se haya convertido en hito internacional en menos de 50 años.

Imagen: elpais

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